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lunes, 25 de abril de 2011

17 de abril de 2.011.

Durante esta Semana Santa, a pesar de haber estado desconectada de todo el universo tecnológico, no he olvidado mi humilde bitácora,  y he escrito algunas reflexiones en mi bloc de notas personal, aquí os las dejo.
Me parecía mentira. Cuando tras coger la maleta eché un último vistazo a mi habitación y vi mi ordenador y mi teléfono móvil arrinconados junto al escritorio, mi cuerpo adoptó automaticamente otra postura. Iba más erguida, como si me hubiera conseguido zafar de una pesadísima losa que hubiera estado oprimiéndome años y años. Durante el camino me dediqué a escuchar la radio y contemplar el paisaje. La oscuridad hacía ya rato que se había cernido sobre la carretera y la niebla pululaba acechante engullendo cada vez mayo rcantidad de masa rocosa, reflejando el brillante resplandor de la luna llena. Entonces pensé en aquellos hombres primitivos; para ellos esa imagen seguro que tenía un significado sobrenatural: la naturaleza en todo su apogeo haciendo de enlace entre el ser humano y la divinidad, fue un descubrimiento emocionante.
Al llegar al destino convenido y apearme del coche, sentí el rumor de las olas lamiendo la orilla, el viento rizando sus crestas y tuve la certeza de haber conseguido dejar de lado, al menos por unos días, todos los elementos artificiales y artificiosos que el hombre ha ido creando en un vano intento de convertirse en caduca deidad.

Poco me importa el parte meteorológico para esta Semana Santa, puesto que mi propósito no es en absoluto tostarme cual cochinillo rotatorio. Lo que de verdad pretendo es descansar, leer, escribrir y pasear, lo demás me resulta accesorio, a pesar de ser inevitablemente imprescindible.
Es un placer sentarse a la mesa provista de papel y tinta para abordar las reseñas que acabarán publicándose en mi biblioteca particular. Pensar, escribir, dudar, tachar, para al final acabar con unas cuantas hojas formato A-5 llenas de borrones, anotaciones y esquinas levemente arrugadas.
Comparemos estas cuartillas con un texto cualquiera recreado por ordenador y que puede ser pulcramente leído en una pantalla de plasma. El último escrito será sin duda harto más estético: párrafos simétricos, letra uniforme, interlineado regular; mas indudablemente carecerá de personalidad. Es pues una creación igual a la que cualquiera, con independencia del contenido, pueda hacer.
Sin embargo aquel compendio de frases escritas con primorosa delicadeza o desmedida ira, son fruto de un complejo proceso de reflexión que para siempre quedará impreso en la irregularidad del papel. Cada fallo y desajuste, lejos de ser pulcramente eliminado ha sido tachado, enfatizando aún más su singular belleza. La composición posee un punto de atracción del que es difícil sustraerse. ¿Qué habrá querido decir cuando subrayó tal o cual frase? ¿Por qué tachó la palabra "exagerado" para a continuación escribir un "moderado" de letra picuda e irregular? Cada defecto, si es que así puede llamarse, incita la morbosa curiosidad de un lector harto de virginales manuscritos de letra caligráfica. Porque el texto en su conjunto narra dos historias: la explícita, que el autor se ha esforzado en recrear y la implícita que él mismo ha dado igualmente a luz sin ser consciente de ello. Esta última dice mucho más de él de lo que jamás alcanzará a comprender, pero eso será algo que guardará celosamente, para luego copiar cada idea, transformándola a formato electrónico y liberándose de la embarazosa situación de saberse estudiado y catalogado por los demás más allá de su estricta voluntad.

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