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miércoles, 6 de abril de 2011

Daniel Glattauer y su universo virtual.

He de confesarlo, soy de las personas menos románticas que conozco. Me repatean las muestras excesivas de afecto que las parejas suelen profesarse en público, no sé porqué, quizá sea porque mi subconsciente lo almacena como algo demasiado banal. Un hecho realizado a causa de un impulso eléctrico apenas racionalizado que viaja desde el cerebro,- cualquiera que sea la región donde esta clase de procesos se den- hasta los labios o las manos del sujeto que acomete el acto. Pocas veces suele pararse uno a pensar en la reacción que ese frugal -o no- contacto despierta en el otro, solo nos limitamos a categorizar la necesidad del acto en función del placer que nos genere. Es decir, acariciamos, besamos, tocamos, porque nos hace sentir bien, con independencia de lo que la otra persona necesite.
Igual sucede con las palabras. Existen millones de frases ya hechas que se emplean a diario. Conjuntos de letras escogidos al azar por alguien que en un momento determinado pensó que eran adecuadas para con su interlocutor, pero que de tanto repetirse, de tanto pasar de una garganta a otra, perdieron su sentido hace ya mucho tiempo. Por ello, ahora resuenan impersonales y monótonas, citadas con una entonación que pretende ser sugerente o escritas en correos electrónicos plagados de fruslerías a fin de evitar las verdaderas palabras, el contenido explícito del mensaje. Sinceramente, he leído y oído tantas veces las mismas cosas que a dia de hoy prefiero medir mis fuerzas en el más absoluto silencio.
No obstante, en algunas ocasiones el género romántico, -aunque realmente no sé si las novelas de Glattauer encajan bien dentro de él- sorprende con algunos autores que recrean diálogos inteligentes, capaces de conmover profundamente al lector.
"Contra el viento del norte" y "Cada siete olas" son el máximo exponente de una pareja que tiene mucho que decirse. Ya desde el primer momento en que Emmi Rother y Leo Leike intercambian un par de mails de manera accidental, el autor es capaz de crear una atmósfera especial, una tensión amorosa que va complicándose a cada clic. Sus exposiciones son ácidas, irónicas, tiernas, sensuales e impredecibles por encima de todo, jamás se sabe lo que acontecerá en la página siguiente. El vínculo recreado entre dos extraños que en su vida se han visto las caras es extremadamente potente. Una suerte de tira y afloja torturoso en el que dan ganas de verse envuelto, una historia de amor elocuente y compleja; pero sobre todo un novelista diferente cargado de buenos recursos y mejores ideas.

1 comentario:

  1. Si te interesa Glattauer, Punto de Lectura acaba de publicar una novela suya de hace unos años, La huella de un beso. Un título demasiado cursi en mi opinión.
    El título original de la novela creo que era algo navideño, porque la historia transcurre en navidades. Pero como el lanzamiento iba a ser en plena primavera, eligieron un título nuevo, con el consentimiento de Glattauer.
    El editor nos pasó a los amigos varios títulos, y después de descartar títulos como Historia de un perro y una dama (que suena a La dama y el vagabundo y además es un título horrendo), se quedaron con el de La huella de un beso.

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